A Claire le gustaba pasear por las calles antiguas de la ciudad. Pese a ser oscuras y estrechas, eran perfectas para ella. Alejadas del gentío que habitualmente recorría los grandes bulevares, parecían pertenecer a otro mundo. Muchos consideraban esos pequeños rincones atrapados en un pasado que definitivamente había quedado atrás. Sin embargo, para ella eran lugares mágicos, en donde podía dejarse llevar por sus pasos y siempre descubrir algún nuevo detalle: una inscripción, una casa antigua, una fuente... Solía cerrar los ojos e imaginarse que vivía en otra época, en donde los hombres aún cruzaban el océano en busca de fortuna y el aroma de la ciudad se debatía entre el olor a café y una esperanza que no obstante no terminaba de germinar.
!Qué lejos quedó sin embargo esa época! Enterrada bajo diversos pronunciamientos y golpes de Estado, la realidad se había trastornado en miserias, sombras y sueños rotos. Y Claire era su más vivo y claro ejemplo. Su madre había fallecido cuando dio a luz, y de ella apenas sabía nada excepto que murió en un convento asistida por las hermanas. Nadie supo decirle quién fue su padre, ni dónde vivía. Según lo poco que había averiguado, no era digno de fiar, y había abandonado a su madre tras saber que estaba embarazada. La madre superiora le había contado cuando era algo más pequeña que su madre le había entregado todo a alguien que no la correspondía, y cuando llegó embarazada al convento ya se debatía entre la vida y la muerte. Una batalla que finalmente acabaría ganando la espesa sombra que se cernía sobre su corazón.
Loa a mi cuerpo
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Me hago una alabanza
de desesperanza,
con la certeza de saber
que tras la muerte no hay nada.
Me rindo a mi cuerpo,
contenedor inerte
de una vida sin suerte...
Hace 11 años