miércoles, 24 de febrero de 2010

A Claire le gustaba pasear por las calles antiguas de la ciudad. Pese a ser oscuras y estrechas, eran perfectas para ella. Alejadas del gentío que habitualmente recorría los grandes bulevares, parecían pertenecer a otro mundo. Muchos consideraban esos pequeños rincones atrapados en un pasado que definitivamente había quedado atrás. Sin embargo, para ella eran lugares mágicos, en donde podía dejarse llevar por sus pasos y siempre descubrir algún nuevo detalle: una inscripción, una casa antigua, una fuente... Solía cerrar los ojos e imaginarse que vivía en otra época, en donde los hombres aún cruzaban el océano en busca de fortuna y el aroma de la ciudad se debatía entre el olor a café y una esperanza que no obstante no terminaba de germinar.

!Qué lejos quedó sin embargo esa época! Enterrada bajo diversos pronunciamientos y golpes de Estado, la realidad se había trastornado en miserias, sombras y sueños rotos. Y Claire era su más vivo y claro ejemplo. Su madre había fallecido cuando dio a luz, y de ella apenas sabía nada excepto que murió en un convento asistida por las hermanas. Nadie supo decirle quién fue su padre, ni dónde vivía. Según lo poco que había averiguado, no era digno de fiar, y había abandonado a su madre tras saber que estaba embarazada. La madre superiora le había contado cuando era algo más pequeña que su madre le había entregado todo a alguien que no la correspondía, y cuando llegó embarazada al convento ya se debatía entre la vida y la muerte. Una batalla que finalmente acabaría ganando la espesa sombra que se cernía sobre su corazón.

lunes, 22 de febrero de 2010

Jazk tenía un aspecto bastante desaliñado, y solía vestir ropa informal. Era un tipo meditabundo. Siempre callado, la palabra, oportuna. Pero si una cosa le caracterizaba era su determinación. Siempre cumplía lo que deseaba, aunque ello implicará traspasar una línea.

Aquel día caminaba bajo el sol de Agosto, angustiado con alguna clase de pensamiento, incapaz de reconocerlo el mismo. Sus pasos era firmes, no así su rumbo. No eran buenos tiempos, o quizá nunca lo fueron. No es que fuera muy aficionado a la política, pero las cosas en el Imperio, los rumores que se oían no traían precisamente un cielo despejado.