A primera vista, el mundo es una gran esfera. Si te fijas más, es una gran esfera podrida, oscura, y que huele mal. Nosotros, temerosos y cobardes, nos acurrucamos en el suelo, cerrando los ojos, esperando simplemente que la vida pase, rozándonos, tocándola solo por encima, como el aire que nos rodea. Pasa alrededor de nosotros, la notamos, y la dejamos marchar.
Pero no nos damos cuenta de que así solo contribuimos a esa oscuridad, a la podredumbre, al fatídico hedor que impregna al mundo. Somos como conejos escondidos en sus madrigueras. Por suerte para todos, entre nosotros existen pequeños, aunque inmensos ángeles, que deciden abrir sus ojos para lanzar un pequeño rayo de esperanza sobre el mundo, iluminarlo con su presencia.
Esos ángeles se levantan, miran en derredor suyo, y aceptan el cáncer que puebla la Tierra con la cabeza agachada. Pero ya se han levantado, y luchan por seguir de pie, eliminando una a una toda la basura que se encuentran. Si toda la superficie del mundo tiene 510.065.284,702 Kilómetros cuadrados, la tarea de limpiarlo se antoja imposible, y a veces, desesperanzadora. Pero ahí siguen, día a día, con pequeños actos que hacen de este mundo un lugar mejor, pese a que cualquiera que les vea piense que roca a roca no se puede mover una montaña.
Gandhi dijo una vez, “Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga”. Gracias a todos los que hacen de este mundo un mundo menos sucio, pese a que exista basura imposible de remover. Gracias por superar toda la desesperación que provoca la mierda explotando. Gracias, por ser un ángel en este mundo de demonios. Gracias, y de nuevo, mil veces gracias, porque vosotros, algún día, podréis caminar con la cabeza alta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario