(...) Sentir que todo se mueve a nuestro alrededor demasiado deprisa no es un sentimiento incoherente. A veces crees haberte sentado en una butaca sin darte cuenta, a esperar. No haces ni dices nada, sólo observas como un muñeco al que le han robado la energía. No eres consciente de ello cuando sucede claro, sólo después. Y pierdes el tiempo. Nadie va a llamar a tu puerta para sacarte de tu estancamiento. Y si lo hiciera no lo permitirías. Tienes la esperanza de que las cosas llegarán solas: el simple paso del tiempo traerá eso que te hace falta. Sin embargo, pese a tu quietud, es paradójico ver que cuando despiertas las cosas han cambiado, y te sorprende... mientras tú te ausentabas. Los esquemas se han desestructurado, y tus principios, y los valores que te rodeaban, han dejado de tener sentido.
Una vez arriesgaste y perdiste, y no pudiste hacerlo otra vez. Fueron sólo intentos vanos en los que creías que podías ser otra persona. Deseaste sentir y querer como si fueras otro… pero nada cambia. De nuevo te sientas a esperar… y el tiempo pasa. Quisieras que te suplantasen tu personalidad, lo que te ha hecho ser así. Quisieras perder la memoria para olvidar aquellos momentos que te hicieron daño, y de nuevo perderle el miedo a ser tú quien hiere a la gente.
Es curioso cómo funcionan las cosas. La gente viene y va en la vida de los demás. Los momentos que quisieras que fueran eternos pasan a tu lado como estrellas fugaces, y los que quisieras alejar parece que te persiguen durante minutos, horas, y a veces te acompañan para siempre. Cuando quieres estar solo sueles estar rodeado de gente, y cuando necesitas a alguien sueles sentirte solo. A veces quieres llorar y no entiendes el por qué. Otras, deberías ahcerlo pero no puedes. Quisieras gritar y callas, y quisieras correr pero te escondes. ¡Hubieras dicho tantas cosas! Y sin embargo callaste... y así una y otra vez.
Son contradicciones sin sentido, pero que por el contrario te acompañan en tu día a día. Como respuesta, a veces, sólo a veces, tu cerebro se ausenta, te paras... y de nuevo todo se mueve a tu alrededor…
Loa a mi cuerpo
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Me hago una alabanza
de desesperanza,
con la certeza de saber
que tras la muerte no hay nada.
Me rindo a mi cuerpo,
contenedor inerte
de una vida sin suerte...
Hace 11 años
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