miércoles, 7 de abril de 2010

Hubiese sido una mañana como tantas otras, en donde el cielo se había despertado encapotado y cubierto de niebla. Claire, en un intento de evasión, estaba dispuesta pese a ello a dejarse guiar por las desgastadas baldosas y las calles escondidas. Necesitaba huir aunque sólo fuera un instante. Se había puesto su blusa favorita, de color rojo mientras imaginaba que tenía otras muchas como aquella de diferentes colores en un armario repleto de ropa y zapatos. Pero no era así. El color en el exterior era siempre el mismo: negro y gris inundaban el ambiente: los edificios, el cielo, la ropa de la gente... e incluso sus semblantes parecían estar teñidos de tonos lúgubres.

Inentaba apartar por unos minutos esas imágenes de su cabeza, pero acudían a ella una y otra vez. Su compañera de cuarto, a la que conocía desde hacía varios años, había despertado entre fuertes dolores y mareos. Pronto había empezado la fiebre... y el diagnóstico había sido claro. Se sabía, por la prensa, que la gripe estaba provocando miles de muertes en los países combatientes, aunque éstos le daban poca propaganda con ánimo de no asustar más a sus soldados. Y Claire conocía casos de muertos en la ciudad debido a una complicación de la enfermedad. Pero no imaginaba que pudiera estar tan cerca... Y una vez más le mostraba lo frágil que era todo...


Iba andando ensimismada en estos pensamientos cuando se dio cuenta que había un grupo de hombres en el extremo opuesto del callejón. Y la estaban mirando. Cuando se dio la vuelta para volver por donde había llegado observó sobresaltada que en el otro extremo de la calle había otro hombre con un cuchillo en la mano...La hermana Mary siempre se lo advertía: no debía andar sola por calles estrechas... Pero ella nunca le hacía caso. Y ahora estaba atrapada. No podía huir por ninguno de los dos lados, y los hombres estaban acercándose a ella...Uno de ellos cojeaba, pero Clary sabía que eso no le detendría... Estaban a unos pocos metros y sonreían...

-¿Qué haces aquí solita? No deberías andar por esta ciudad sin protección niña.- Pero su rostro no mostraba ningún tipo de preocupación, sino una sorisa cruel y malintencionada.

-!Dejazme en paz! !No podéis hacerme daño!- Gritó asustada.

Pero el hombre no le hizo caso, y se acercó aún más a ella. Agarró a Claire con fuerza por la cintura pese a los intentos de ella por salir corriendo y acercó su rostro al suyo. Olía a una mezcla de tabaco y alcohol.

- Estás perdida. - E hizo una señal a sus compañeros para que se acercaran.

El hombre le asestó un fuerte golpe en la cabeza con la empuñadura del cuchillo, y justo antes de perder el conocimiento Clary oyó un disparo en el extremo de la calle. Con la vista difuminada distinguió la silueta de un muchacho que gritaba algo a los hombres y se acercaba corriendo. Entonces ellos la soltaron... y perdió el conocimiento.

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