Para él no había nada nuevo. Había nacido el mismo día en que estallaban todas las "tensiones". ¿Tensiones? En los periódicos que encontraba por el suelo lo llamaban así, pero para él sólo tenía un nombre, monstruosidad. El fraticidio mundial, los asesinatos continuados, la maldita pugna por el poder. Toda esa mierda, la que siempre había vivido, pululaba en su cabeza mientras apuraba el primer cigarro del día, ¿o era el último? Era tan difícil calcular el tiempo cuando la vida era una ingesta continua del alcohol encontrado en los armarios ajenos...
Pero al final de esa línea mental que perpetuamente rondaba su cabeza, llegaba siempre a la misma conclusión, rematada por una cínica sonrisa. "No puedo añorar nada, pues para mí no existe la paz".
Aunque esta vez esa tímida sonrisa que siempre cruzaba su boca al llegar a ese pensamiento, se tornó en una carcajada, al darse cuenta de la paradoja. Él, a quien su padre, un desertor francés, había llamado Enfer, en un alarde de videncia sobre lo que sería su vida, se acababa de despertar en una iglesia.
"¡¡El infierno vive en la casa del Señor!!" Gritó con todas sus fuerzas antes de caerse de rodillas ante la inmensa cruz que coronaba el altar, mientras que las lágrimas inhundaban su cara, y pedía perdón por los pecados de toda la humanidad.
Loa a mi cuerpo
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Me hago una alabanza
de desesperanza,
con la certeza de saber
que tras la muerte no hay nada.
Me rindo a mi cuerpo,
contenedor inerte
de una vida sin suerte...
Hace 11 años
me ha encantado^^
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